He de reconocer que la primera vez que escuché a Celtic Frost me quedó una sensación rara, era un estilo que no había escuchado antes y probablemente no supe apreciar o entender. Esa sensación ha cambiado con el paso del tiempo y tras escucharlos alguna que otra vez más creo que se trata de una banda que hay que tratar de entender. Lo definiría como metal oscuro, experimental o simplemente con personalidad.
Creo que nunca fueron una banda fácil, arriesgaron y provocaron muchas veces y no fueron entendidos. Pero precisamente por eso son tan importantes y dejaron un legado que sigue creciendo con el tiempo.
Repasamos en este artículo sus orígenes y trayectoria para rememorar ese sonido tan característico.
Orígenes y sonido
Celtic Frost salió de Suiza a mediados de los 80, cuando el metal todavía estaba buscando su rollo. Mientras muchas bandas iban a lo seguro, estos decidieron hacer justo lo contrario: música más oscura, rara y experimental.
Antes de eso estaba Hellhammer, el grupo anterior de Tom G. Warrior. Sonaban súper crudos, como un ensayo grabado en un sótano con el equipo medio roto. En su día les cayeron muchas críticas, pero con el tiempo se vio que influyeron un montón en lo que luego sería el black y el death metal.
Después de esa etapa, Tom empezó de cero con la idea de hacer algo más personal y artístico, y así nació Celtic Frost. Desde el principio iban a su bola: riffs pesados, tempos medios, mucha atmósfera oscura y una sensación bastante ritual.
La voz de Tom tampoco es la típica voz perfecta, pero tiene muchísima personalidad: gruñe, escupe las frases y le da un rollo muy único. Además, se atrevieron a meter cosas que en los 80 eran rarísimas en el metal: voces femeninas, coros, teclados y estructuras bastante poco comunes.
Morbid Tales
Morbid Tales (1984) es corto, directo y demoledor. No se puede decir que sea un disco bonito pero canciones como Into the Crypts of Rays o Procreation (of the Wicked) son historia pura del metal extremo.
Riffs simples pero efectivos, letras oscurísimas y una atmósfera casi claustrofóbica. Muchísimas bandas de black y death metal han bebido directamente de este EP, aunque luego lo hayan llevado en direcciones distintas.
To Mega Therion
Este disco es más grande, más ambicioso y mucho más épico. Aquí ya no hablamos solo de metal extremo, sino de una especie de ceremonia oscura hecha música.
Temazos como Circle of the Tyrants son himnos absolutos. Y encima meten coros clásicos y arreglos que, en los 80, eran una auténtica locura. Nadie estaba haciendo eso en el metal extremo. La portada ya te deja claro que esto no es un disco cualquiera.
Para muchos, este es el mejor álbum de Celtic Frost, y no es difícil entender por qué: agresivo, oscuro, innovador y con una personalidad arrolladora.

Into the Pandemonium
Aquí meten de todo: metal, música clásica, electrónica primitiva, ambientes rarísimos… incluso una versión de Mexican Radio. En su día, más de un fan se llevó las manos a la cabeza. Muchos no entendieron nada y pensaron que la banda se había vuelto loca.
Pero con el tiempo, este disco se ha convertido en una obra de culto. Es uno de los primeros ejemplos claros de metal vanguardista, y hoy suena menos raro que en su momento, precisamente porque influyó a muchísima gente después.
Cold Lake
A finales de los 80, con presiones de la discográfica y cambios internos, Celtic Frost sacan Cold Lake. Suenan a glam metal. Peinados raros, actitud más comercial y un sonido que no tiene casi nada que ver con lo que habían hecho antes.
Este disco es ampliamente considerado el gran error de su carrera. Los fans lo odiaron, la crítica también, y el propio Tom G. Warrior ha dicho mil veces que no se siente representado por ese álbum.
Con Vanity/Nemesis intentaron arreglar el desastre. El disco es mucho más oscuro y agresivo, y aunque no alcanza el nivel de sus clásicos, demuestra que todavía tenían fuego dentro.
Monotheist
Cuando ya parecía que Celtic Frost era historia, en 2006 regresan con Monotheist. Y ojo, porque este disco es una bestia. Aquí no hay nostalgia barata: hay un sonido lentísimo, pesadísimo y absolutamente opresivo.
Este álbum suena moderno incluso hoy, casi incómodo de escuchar a ratos, pero tremendamente poderoso. Temas como A Dying God Coming into Human Flesh te aplastan sin piedad. Mucha gente ve en este disco el origen de cosas como el doom extremo o el post-metal más oscuro. Fue un regreso espectacular y una forma muy digna de cerrar el círculo.
Celtic Frost es más grande de lo que parece
La gracia de Celtic Frost es que influyeron a todo el mundo, incluso a bandas que suenan muy distintas entre sí. Desde el black metal noruego hasta el death metal, pasando por cosas más experimentales o incluso bandas fuera del metal extremo.
No solo influyeron musicalmente, sino en la idea de que el metal puede ser arte, puede ser incómodo, puede mezclar cosas raras y aun así ser honesto y poderoso.
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