mayo 27, 2026 José María Cervera Hernández

Anthrax nuevo disco: los supervivientes del thrash llegan al Rock Imperium con nuevo disco bajo el brazo

Hablar de Anthrax es hablar de una de esas bandas que no necesitan demasiadas presentaciones. Uno de los nombres fundamentales del thrash metal, miembros del famoso Big Four junto a Metallica, Megadeth y Slayer, y probablemente la banda más peculiar de ese póker de ases que cambió para siempre la forma de entender el metal en los años 80. Repasamos la trayectoria de este grupo con motivo del nuevo disco de Anthrax.

Porque si algo ha tenido siempre Anthrax, además de riffs afilados y grandes coros para dejarse la garganta, es personalidad. Los neoyorquinos nunca fueron tan sombríos como Slayer, ni tan mesiánicos como Metallica, ni tan venenosos como Megadeth. Lo suyo era otra cosa: velocidad, mala leche, sentido del humor, actitud callejera, el hardcore punk y una manera muy particular de entender el metal como una fiesta salvaje, sudorosa y sin demasiadas normas.

Los inicios de Anthrax: Nueva York también sabía hacer thrash

Anthrax nació en Nueva York en 1981, formada por Scott Ian y Dan Lilker, en una escena que no tenía exactamente el mismo aroma que la costa oeste norteamericana. Mientras en California empezaba a cocerse buena parte del thrash metal que dominaría la década, Anthrax traía consigo una energía más urbana, más de asfalto, más cercana al hardcore neoyorquino y al caos de una ciudad que parecía hecha para parir riffs nerviosos.

Su debut, Fistful of Metal (1984), todavía con Neil Turbin a la voz, fue una descarga cruda, acelerada y muy propia de aquellos primeros años en los que el género estaba tomando forma a base de distorsión, cuero, zapatillas blancas y mucha hambre. Allí ya aparecía ese espíritu atropellado y juvenil que, poco después, terminaría explotando con la llegada de Joey Belladonna y Frank Bello, piezas clave para entender el crecimiento de la banda.

Con Spreading the Disease (1985), Anthrax empezó a sonar como Anthrax de verdad. La voz melódica y poderosa de Belladonna aportó un contraste fantástico frente a la maquinaria rítmica de Charlie Benante y el riff constante de Scott Ian. Canciones como Madhouse o A.I.R. demostraban que la banda podía sonar agresiva sin perder melodía, algo que siempre ha sido parte de su encanto.

Among the Living y la consagración definitiva

El gran golpe sobre la mesa llegó en 1987 con Among the Living, posiblemente el disco más icónico de toda su carrera. Un álbum que contiene himnos de esos que justifican por sí solos la existencia de una banda: Caught in a Mosh, I Am the Law, Indians, Efilnikufesin (N.F.L.) o el propio tema título. Poca broma.

Este disco condensaba todo lo que hacía especiales a los neoyorquinos: velocidad, groove, referencias a la cultura popular, estribillos memorables y una sensación constante de diversión peligrosa. No era un disco solemne, pero tampoco era una broma. Era una apisonadora con zapatillas de baloncesto, bermudas, camisetas de colores y una actitud completamente distinta a la de sus compañeros generacionales.

State of Euphoria (1988) mantuvo el nivel de popularidad, aunque quizá con menor inspiración global, y Persistence of Time (1990) mostró una cara más seria, oscura y pesada de la banda. Este último trabajo, con canciones como Time, Keep It in the Family o su conocida versión de Got the Time, demostró que Anthrax también sabía ponerse denso cuando la ocasión lo requería.

Cuando el metal y el rap se dieron la mano

Uno de los momentos más importantes en la historia de Anthrax llegó con su colaboración junto a Public Enemy en Bring the Noise. Aquello no fue simplemente una curiosidad simpática. Fue uno de los cruces más influyentes entre metal y rap, abriendo una puerta que después atravesarían muchas bandas en los años 90.

Anthrax ya había jugado con esa idea en I’m the Man, pero Bring the Noise fue otra historia. Tenía nervio, tenía intención y tenía una conexión real entre dos mundos que, en aquel momento, parecían mucho más alejados de lo que estarían pocos años después. Como tantas veces en su carrera, Anthrax se adelantó a algo que luego otros explotarían hasta el agotamiento.

La etapa con John Bush: cambio de piel en tiempos difíciles

Los años 90 fueron complicados para casi todas las bandas clásicas de thrash. El mundo cambió, el grunge arrasó con todo, las modas se movieron a una velocidad brutal y muchos grupos tuvieron que decidir si resistir, adaptarse o desaparecer. Anthrax optó por cambiar de piel.

La llegada de John Bush a la voz marcó una etapa muy diferente. Sound of White Noise (1993) fue un disco poderoso, más pesado, más alternativo, menos acelerado y con una producción muy de su época. Puede que parte de los seguidores más clásicos tardaran en aceptarlo, pero con el paso del tiempo se ha convertido en un trabajo muy respetado dentro de su discografía.

Discos como Stomp 442, Volume 8: The Threat Is Real o We’ve Come for You All mostraron a una banda peleando por seguir viva en un panorama que ya no era el suyo. Hubo momentos irregulares, sí, pero también canciones enormes y una actitud admirable. Anthrax no se rindió cuando lo fácil habría sido vivir únicamente del recuerdo.

El regreso de Joey Belladonna y la segunda juventud

El regreso de Joey Belladonna terminó siendo mucho más que un ejercicio de nostalgia. Worship Music (2011) devolvió a la banda una fuerza inesperada, con temas como The Devil You Know, Fight ’Em ’Til You Can’t o In the End. Lejos de sonar como una reunión forzada, Anthrax pareció recuperar el pulso, la melodía y la pegada que muchos echaban de menos.

Después llegó For All Kings (2016), un disco muy sólido, más maduro y con un sonido moderno pero reconocible. Jonathan Donais, procedente de Shadows Fall, encajó muy bien en la maquinaria, aportando solos y recursos melódicos sin desdibujar la esencia de la banda. Anthrax demostraba así que todavía podía mirar hacia adelante sin vivir atrapada en 1987.

Cursum Perficio: el esperado nuevo álbum de Anthrax

Y así llegamos a 2026, año en el que Anthrax vuelve a primera línea con Cursum Perficio, su duodécimo álbum de estudio y el primero desde For All Kings. El disco tiene previsto su lanzamiento para el 18 de septiembre de 2026, a través de Nuclear Blast y Megaforce, y llega tras una espera de una década, que se dice pronto.

El título, Cursum Perficio, puede traducirse como “completo mi viaje” o “mi camino ha llegado a su fin”, una frase con bastante carga simbólica para una banda que ya supera las cuatro décadas de historia. Eso sí, conviene no lanzarse a interpretaciones precipitadas. Charlie Benante ha aclarado que no están diciendo necesariamente que sea su último disco, sino más bien que sienten haber completado una etapa o una misión artística.

El álbum fue grabado, al menos en parte, en el Studio 606 de Dave Grohl en Los Ángeles, con Jay Ruston nuevamente ligado a la producción, un nombre ya conocido en la etapa reciente de la banda. La formación que afronta este nuevo capítulo es la compuesta por Joey Belladonna, Scott Ian, Frank Bello, Charlie Benante y Jonathan Donais, la misma que ha mantenido viva la llama de Anthrax en sus últimos años.

It’s For The Kids: primer adelanto y declaración de intenciones

El primer adelanto del disco, It’s For The Kids, suena precisamente a eso: a Anthrax reconectando con su primera época, pero sin sonar a copia envejecida de sí mismos. Es un tema directo, con riffs rápidos, batería desbocada, estribillo de los que se quedan y ese punto de mala leche optimista que siempre ha diferenciado a la banda.

Scott Ian ha descrito la canción como una especie de carta de amor a los fans, una pieza de thrash de cuatro minutos que recoge algunas de las mejores virtudes del grupo: agresividad, gancho y ese equilibrio entre violencia sonora y melodía que tan bien manejan cuando están inspirados. Belladonna, por su parte, sigue sonando reconocible, con esa voz que nunca fue la típica del thrash, y precisamente por eso siempre aportó un color especial al sonido de Anthrax.

No parece casualidad que hayan elegido una canción así como carta de presentación. Tras diez años sin disco de estudio, Anthrax necesitaba volver con algo que no sonara dubitativo. Y It’s For The Kids no suena a tanteo, sino a portazo. A decir: seguimos aquí, todavía sabemos hacerlo, y esto no va solo de nostalgia.

Anthrax en Rock Imperium Festival 2026

La presencia de Anthrax en la edición de este año del Rock Imperium Festival es una de esas confirmaciones que dan empaque a cualquier cartel. El festival se celebrará los días 3, 4 y 5 de julio de 2026 en el Parque El Batel de Cartagena, con una quinta edición que apunta altísimo, encabezada por nombres como Iron Maiden, Sabaton y Within Temptation.

Anthrax encaja de maravilla en ese contexto. Cartagena volverá a ser punto de encuentro para metaleros de muchas generaciones, y ver allí a una banda de su calibre, con nuevo disco anunciado y un single recién estrenado, añade todavía más interés a su actuación. No será simplemente el típico concierto de repertorio clásico, aunque evidentemente nadie quiere quedarse sin escuchar Caught in a Mosh, Indians, Madhouse o Antisocial. Esta vez habrá también esa sensación especial de estar viendo a una banda en movimiento, no solo celebrando su pasado.

Y eso, tratándose de Anthrax, tiene mucho valor. Porque hablamos de un grupo que podría vivir perfectamente de sus himnos, de su logo y de su pertenencia al Big Four. Pero no. Siguen sacando música, siguen girando, siguen defendiendo su lugar y siguen recordándonos que el thrash no tiene por qué convertirse en una pieza de museo.

Conclusiones sobre Anthrax, Cursum Perficio y su paso por Cartagena

Anthrax llega a 2026 en un momento muy interesante. Con más de cuarenta años de historia, con una discografía llena de etapas distintas, con varios cambios de vocalista superados, con clásicos inmortales y con un nuevo disco que, al menos por lo mostrado en It’s For The Kids, apunta a recuperar parte de la fiereza más reconocible de la banda.

Puede que nunca hayan tenido el aura trágica de Metallica, la mala baba quirúrgica de Megadeth o la oscuridad implacable de Slayer. Pero Anthrax siempre ha tenido algo que los otros no tenían: una mezcla única de energía callejera, sentido del humor, cultura popular, melodía y mosh pit. Y eso, tantos años después, sigue funcionando.

Su concierto en Rock Imperium Festival 2026 se presenta como una oportunidad magnífica para celebrar todo eso: la historia, los himnos, la resistencia y el presente de una banda que todavía tiene cosas que decir. Veremos si Cursum Perficio termina estando a la altura de la espera, pero por ahora la maquinaria vuelve a rugir con fuerza.

Larga vida a Anthrax. Larga vida al thrash. Y nos vemos en Cartagena, MetalManíacos.

Puedes ver mis otros artículos en: Artículos José María Cervera (Metalmaniac).

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